jueves, 22 de julio de 2010

El Reino

Nada parecía tener sentido. Mirase a donde mirase solo se podían ver sombras mal difuminadas. Todo era borroso, sin contorno. Mareante. Se podría calificar de extravagante, incluso de surreal de no ser porque era exactamente la realidad.

Todo su castillo de cristal había sucumbido, una vez más, con esos latidos rotos. Y ahora, sin los muros que protegían a la reina, la realidad se hacía cruelmente visible.
Se llevó la mano al pecho en un intento frustrado de coger aire. Pero solo había fuego. Solo podía respirar ácido. Un veneno que corría veloz por sus venas hasta colocarse bajo el esternón. El sitio predilecto para todo dolor emocional.
La reina se vio desamparada. No tenía nadie. Los pájaros con los que siempre contaba para hablarles de sus sueños habían huido al escuchar el derrumbamiento.
Su rey... su rey fantasmagórico la había abandonado. Nunca fue corporeo en su su palacio de cristal. Nunca pudo caminar con sus propios huesos.
Y los sirvientes, para que toda la aparente calma siguiera estable, se veían obligados a tejer mentiras cada vez más complejas.
La reina jamás sospechó nada.
Incluso había grietas en las paredes de su palacio. Pero bha, serán cosas de la edad. Pensaba ella. Cuan equivocada estaba. Tal vez no quisiera ver el inminente peligro al que estaba expuesta.

De nuevo, tras la catastrofe, la luz blanquecina que alumbraba su reino mutó antojandose roja, granate y con vetas negras. Pero esas vetas no eran colores surgidos por falta de luz. Eran sombras malignas. Esas que tan bien conocía.
Y cual serpientes la sombra fue zig-zagueando hasta dar con al reina. Se aferraron a su torax impidiendola respirar e introduciendose en ella, al hueco bajo el esternón, uniendose con el fuego envenenado.
La reina tosió intentandose liberar. Pero todo fue en vano.

Cuando se despertó pudo observar ante ella el Centro de su Reino, el llamado Gran Corazón. Siempre lo había recordado como una piedra brillante, luminosa y que incluso ofrecía calor y bienestar a quien lo tuviera cerca. No obstante ahora estaba tan cambiado que le costó identificar su amado objeto.
En esos momentos no era más que una pieza con alma de madera carmomida y agrietada. Carecía del color vivo. Únicamente lo vestía una chapa negra resquebrajada. Algo verde salía del interior del antiguo Gran Corazón. Era musgo y hongos. Una mezcla putrefacta ideal para algo no-vivo.
La reina se llevó las manos a la boca, atónita. No podía creerlo. Aquello que siempre había cuidado. Que siempre había amado. Aquello que tantas veces había reparado... ahora se encontraba en un estado peor que la muerte. El Gran Corazón padecía una enfermedad incurable. Y a cada latido de ese repugnante objeto, varias hondas oscuras surcaban lo que antes era su reino llenandolo de tristeza y desesperanza.

Aprisa, la reina fue en busca de toallas y agua. Pero tal vez ya fuera demasiado tarde...

2 comentarios:

La Ardilla con el Corazón de Cristal dijo...

vamos a echar a esa serpiente de ahi, con agua caliente o con lo que sea, ya lo veras ¬.¬


TE QUIEROOOOOOOOOOO (L)(L)

oollweis ai wana bi wiz yuu :D

OcToBeR dijo...

*La pequeña princesita del Macdonals lega con cubo de pintura y una caja de herramientas en plan Bricomania (h) - donde esta ese corazon herio que le vamos a quitar to lo malo... >3<

Es triste ya sabes l oque opino sobre eso... es belleza infinita.. pero en t caso es dolor.. ú.ù mejorate... TQ y lucha lucha lucha contra las sombras ò.ó no voy a dejar que te consuman...