sábado, 8 de noviembre de 2008

El Dolor de una Guerra

...creo que era para un concurso...otro de los miles de cuentos que he empezado y no he terminado...asi que, si lo quereis leer bien, sabed que no tiene final...

-¡Atad a los perros!
-Los perros están muy nerviosos, mi señor.-le informó un soldado a su rey.- ¿Mi señor?
En los ojos del rey se veía reflejada la fogata en el centro del campamento militar.
Estaba pensativo, sabía muy bien aquella leyenda, pero hasta ahora no se sabía nada sobre su realismo. En seguida lo descubriría.
Los perros enloquecidos no dejaban de ladrar, de sus bocas salía el vapor hacia la fría noche. Los soldados parecían contagiarse de esa misma locura corriendo de un lado a otro sin sentido. Sus armaduras oxidadas crujían a cada paso.
El cielo, antes plagado de estrellas, se había transformado en una noche triste, llena de nubes y neblina. En el valle una brisa helada recorría los cuerpos calientes de los hombres, entumeciéndolos. De vez en cuando se levantaba un violento viento que cortaba la cara del rey. Sus ojos no irradiaban luz o esperanza, se habían vuelto opacos. Y su mente, antes clara, había dejado de pensar en la estrategia, y ahora oía un susurro apacible que lo transportaba a otro lugar, lejos de tensiones, lejos de la muerte. De repente entre el susurro se mezcló la voz del soldado: -¿Mi señor?
-¿Mi señor?
El rey despertó de su soñolencia; miró al soldado a los ojos y en ellos vio el terror que provocaba esa situación.
-Reúne a los soldados.-ordenó el rey. El militar obedeció instantáneamente.
Una bola de fuego surcó con rapidez el cielo. Otras dos bolas hicieron el mismo recorrido. Seguidamente un centenar de bolas alumbraron el cielo. Los soldados miraron instintivamente el fuego. De repente sonaron a la vez percusiones agudas y graves. El sonido provenía de todas partes.
-Mi señor estamos rodeados.-informó el soldado.-Son mayoría.-dijo mientras unas gotas de sudor resbalaban por su frente.
-Soltad a los perros.-dijo impasible.
El soldado corrió hasta los perros y soltó las cuerdas que los ataban. Los animales atravesaron la neblina aullando y gruñendo. El rey los siguió con la mirada hasta que no distinguió a los perros ente la niebla. Entonces se oyeron los gemidos de los animales. Solo regresó uno al campamento. Le habían arrancado una oreja y rajado la tripa. Llegó corriendo a los pies de su amo empapando la hierba de sangre. El soldado se agachó y acarició el lomo del moribundo animal. De sus ojos empañados resbalaron silenciosas lágrimas.
-Solo eran animales.-dijo despectivamente el rey acercándose al soldado.
-No mi señor, eran mi familia.-dijo sin dejar de acariciar al perro ya muerto.
Un millar de flechas atravesaron el campamento hiriendo de muerte a muchos soldados. Tras unos segundos un centenar de flechas atravesaban los cuerpos de más soldados, soldados que no sabían que hacían allí, soldados jóvenes que tenían sueños por cumplir. Los que quedaron vivos pudieron ver como decenas de millares de antorchas atravesaban la niebla y por último sentían un afilado cuchillo en su garganta o en su vientre.

El gruñir de los animales carroñeros despertó al rey. Era el único superviviente. A su alrededor yacían los cuerpos de los soldados. No conocía el nombre de la mayoría, ni tampoco si tenían familia, sueños o ganas de vivir. Caminó torpemente entre los cadáveres. Logró distinguir al soldado cuya familia eran los perros. Estaba encima del único animal que regresó. Todavía tenía la mano sobre el lomo, acariciándolo eternamente.









....mañana más, no tendre nada que poner asi que seguiré subiendo este cuento hasta que se termine

1 comentario:

JJ dijo...

fucking bastard!!!!!!!!!!

ese rey me cae mal, torturalo hazle sufrir que sienta el desprecio de la muerte cuaod no vaya en su auxilio....

por cierto muy chulo el relato.